martes, 16 de agosto de 2011

Soñar, seguir soñando.

Me acuerdo algunas cosas sueltas del 2000-2001, estaba de novio con Romi, una morocha que vivía en Villa Luro, hincha de Vélez, con apellido y cuerpo de tana. Teníamos muchos planes, teníamos 19-20 años.
Cuando no me quedaba a dormir después de comer tenia que emprender el regreso a Morón, caminaba hasta la estación de Villa Luro, si el último beso se extendía tenía que correr hasta la estación. En el viaje en tren pensaba en como alcanzar los sueños que teníamos con Romi, soñábamos mucho con un futuro juntos, esos sueños de clase media, esos sueños de casa, auto, perro y, después del titulo universitario, los hijos. La crisis se notaba por aquellos tiempos y uno viajaba muy comodo en el tren de noche, pocos regresaban de trabajar, muchos regresaban en algo llamado tren blanco.
Recuerdo que una noche que regrese temprano me tope con el programa "Después de hora", era un programa periodístico (?) que conducía Daniel Hadad, cuya mesa completaban Antonio Laje, Eduardo Feinman, María Isabel Sánchez, Mónica de Alzaga y Lito Pintos. Gran parte del programa se iba en bromas a De La Rua, especular sobre el dólar a futuro y en los comentarios cavernícolas de Lito Pintos.
Consumado el trágico final del gobierno del Radical De La Rua, en Alianza con el Frepaso, que incluyo varias decenas de muertos en todo el país, saqueos, toque de queda y fuga en helicóptero. El programa ingreso en un proceso de análisis en el que reinaba el desanimo, era muy común incluso que en sus análisis coincidieran con, el entonces periodista progresista por excelencia, Jorge Lanata. Ambos periodistas, que se suponían en las antípodas del pensamientos, Hadad y Lanata, argumentaban que la salida del país radicada en el sacrificio, que había que sacrificarse, que dos generaciones debían sacrificarse para que los nietos puedan disfrutar de un país en serio, les juro que la repetición de la palabra sacrificarse no se debe a mi escasez de habilidad para la escritura.
En resumen, le decían a una generación, a mi generación, que todavía no había empezado a volar, que no había desplegado ni siquiera sus alas para empezar a hacerlo, que ni lo intente. Le decían que los mejores se estaban yendo, si te quedabas no eras de los mejores así que ibas a tener que sacrificarte por las generaciones futuras, esto significaba que nunca ibas a tener el auto, ni un laburo digno, quizás ni un laburo indigno, que los sueños de educación universitaria pertenecerían exclusivamente a las elites, fueron dos años de desanimo. Una generación no estaba dispuesta a dejar de volar, y se empezó a movilizar, a manifestar. Duhalde mato a dos que no se resignaban a dejar de soñar en Puente Pueyrredon. Yo ya no noviaba con La Tana, yo iba saltando de laburo en laburo, de changa en changa, yo iba dejando de soñar, me iba volviendo gris.
¿Por que estos recuerdos? ¿Por que después de una elección? Simplemente porque cuando ya ni los sueños me quedaban, cuando el desanimo y lo gris ocupaban mis días me sacudió un viento del sur. Me sacudió con una sola frase… “Yo vengo a proponerles un sueño”. Y vaya si soñamos, vaya si concretamos sueños en estos ocho años. Podemos seguir soñando pero no quiero dejar de pensar en el momento que volví a pensar que no debía dejar soñar nunca. Gracias Néstor.


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